Aunque existen diferentes teorías sobre su origen, las más fidedignas sitúan éste en los fogones de los descendientes de los emigrantes alemanes que habitaban el estado norteamericano de Nueva Inglaterra a principios del siglo XIX, donde existía la tradición de bautizar las galletas con nombres divertidos, motivo por el cual ostentarían tan curioso nombre.
Dos siglos después, estas delicias siguen causando sensación al otro lado del Atlántico y, poco a poco, están conquistando paladares en éste. Ni los cupcakes, la llegada de la repostería francesa, o la bollería escandinava han podido hacerlas caer en el olvido, ya que son de esas cosas que aunque a primera vista no resultan muy atractivas, su sabor es extraordinario y su elaboración tremendamente sencilla.
Dos siglos después, estas delicias siguen causando sensación al otro lado del Atlántico y, poco a poco, están conquistando paladares en éste. Ni los cupcakes, la llegada de la repostería francesa, o la bollería escandinava han podido hacerlas caer en el olvido, ya que son de esas cosas que aunque a primera vista no resultan muy atractivas, su sabor es extraordinario y su elaboración tremendamente sencilla.

Las snickerdoodles son blanditas por dentro y crujientes por fuera (yo las describo como las hijas de un bizcocho y una galleta), desprenden un delicado aroma a canela y mantequilla y están recubiertas por una finísima capa de azúcar caramelizado. Son aptas para todo tipo de paladares.
Esta versión está basada en la de Joy of Baking, he cambiado un poquito los ingredientes y reducido las cantidades porque me parecía demasiada cantidad de galletas. Si tenéis un estómago de gran capacidad o sois más de dos en casa, podéis hacer la receta doble.
También debo apuntar que almacenadas en un bote hermético, duran unos 10 días totalmente frescas, así que podéis tener preparadas algunas para esos invitados que tienen por costumbre presentarse en casa sin previa invitación.
Esta versión está basada en la de Joy of Baking, he cambiado un poquito los ingredientes y reducido las cantidades porque me parecía demasiada cantidad de galletas. Si tenéis un estómago de gran capacidad o sois más de dos en casa, podéis hacer la receta doble.
También debo apuntar que almacenadas en un bote hermético, duran unos 10 días totalmente frescas, así que podéis tener preparadas algunas para esos invitados que tienen por costumbre presentarse en casa sin previa invitación.
Ingredientes
- 130 g de harina de trigo común
- 1/2 cucharadita de sal
- 115 g de mantequilla a temperatura ambiente
- 1/2 cucharadita de bicarbonato de sodio
- 1 cucharadita de crémor tártaro
- 180 g de azúcar blanco
- 1 huevo grande a temperatura ambiente
- 1 y 1/2 cucharaditas de canela en polvo
- 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
Preparación
En un bol grande mezclamos, con la batidora de varillas manual, la harina, el crémor, el bicarbonato, 1/2 cucharadita de canela y la sal. Reservamos.
En otro bol batimos, con la batidora de varillas manual o eléctrica, la mantequilla y 130 g de azúcar hasta lograr una mezcla de textura cremosa. Agregamos el huevo y la esencia y volvemos a batir hasta integrarlos del todo.
En cuatro tandas, vamos agregando la mezcla seca a la húmeda, mezclando bien entre cada adición con la ayuda de una lengua de silicona o cuchara grande. Tapamos el bol con film transparente y dejamos reposar en la nevera durante 2 horas.
Pasado el tiempo de reposo de la masa, precalentamos el horno a 180ºC y cubrimos una bandeja con papel de horneado.
En un plato o cuenco, mezclamos bien el azúcar y la canela restantes. Reservamos.
Formamos bolas de unos 3 cm con la masa y las rebozamos con la anterior mezcla, luego las vamos colocando en la bandeja de horno bastante espaciadas (crecen mucho) y las aplastamos un poquito con la palma de la mano.
Horneamos las galletas 8 minutos o hasta que empiecen a dorarse por los bordes, las pasamos con cuidado a una rejilla para enfriarlas y las servimos frías o templadas.
En otro bol batimos, con la batidora de varillas manual o eléctrica, la mantequilla y 130 g de azúcar hasta lograr una mezcla de textura cremosa. Agregamos el huevo y la esencia y volvemos a batir hasta integrarlos del todo.
En cuatro tandas, vamos agregando la mezcla seca a la húmeda, mezclando bien entre cada adición con la ayuda de una lengua de silicona o cuchara grande. Tapamos el bol con film transparente y dejamos reposar en la nevera durante 2 horas.
Pasado el tiempo de reposo de la masa, precalentamos el horno a 180ºC y cubrimos una bandeja con papel de horneado.
En un plato o cuenco, mezclamos bien el azúcar y la canela restantes. Reservamos.
Formamos bolas de unos 3 cm con la masa y las rebozamos con la anterior mezcla, luego las vamos colocando en la bandeja de horno bastante espaciadas (crecen mucho) y las aplastamos un poquito con la palma de la mano.
Horneamos las galletas 8 minutos o hasta que empiecen a dorarse por los bordes, las pasamos con cuidado a una rejilla para enfriarlas y las servimos frías o templadas.





